Tecnología · Historias
Cómo el chaval al que echaron del colegio montó la empresa que está frenando la adicción al móvil en España.
Esta es la historia de cómo Mauro Flecha, 22 años, pasó de ser «el que no iba a llegar a nada» a crear el dispositivo que usan miles de personas en España para mejorar su relación con el móvil. Y de lo que viene ahora.

Mauro Flecha siempre quiso montar algo suyo. Tenía ideas apuntadas en las notas del móvil, cursos comprados, libros empezados. Y a los 19 no había sacado adelante ninguna.
En el colegio era el liante: suspendía, le echaron, y en su casa era «el que no iba a llegar a nada». Y no era tonto. Es que a la hora de la verdad siempre había algo más fácil que hacer, y ese algo estaba en el bolsillo. Siete horas al día, según su propio Tiempo de Uso.
«Esta semana sí»
Se lo decía cada domingo por la noche. Esta semana avanzo la idea. Esta semana termino el curso. Esta semana estudio de verdad. Esta semana dejo el móvil en la cocina cuando llegue a casa.
El lunes a las diez ya lo había roto.
Y no era por falta de ganas. Ganas tenía de sobra. Es que no aguantaba veinte minutos seguidos delante de la idea, del curso o de unos apuntes sin coger el móvil. Lo cogía sin decidirlo. Miraba una cosa, contestaba a otra, y cuando levantaba la cabeza habían pasado cuarenta minutos y ya no le apetecía seguir.
Al día siguiente, otra vez.
Lo peor no eran las horas. Era acostarse sabiendo que otra vez no había avanzado nada de lo que se había prometido esa misma mañana. El móvil no le quitaba tiempo: le quitaba lo que quería hacer con él. Si te ha pasado, ya sabes de qué habla.
Lo primero que probó fue lo mismo que ha probado todo el mundo. Tiempo de Uso. Tres apps de bloqueo distintas. La pantalla en blanco y negro. Dejar el móvil en otra habitación.
«Todas me duraron entre dos y cinco días. El problema es que, cuando me aburría de verdad, me lo podía saltar.»Mauro Flecha
Y siempre acababa igual, por una de estas tres puertas. Desactivaba el modo concentración. Borraba la app de bloqueo entera. O se metía en Instagram desde el navegador.
Son reseñas reales de apps de bloqueo en la App Store:
- «Me ayuda, pero creo que en este punto el problema soy yo, que la desinstalo.»
- «Mi debilidad me ha hecho fallarme a mí mismo tantas veces que perdí la cuenta.»
Eso es lo que acaba pasando después de unos cuantos intentos. Dejas de pensar que falla la herramienta y empiezas a pensar que fallas tú.
Lo que hizo
No buscaba dejar el móvil. Buscaba hacer lo que se había propuesto, y el móvil estaba en medio.
Ni otra app ni más fuerza de voluntad. Lo que necesitaba era algo radical: una barrera de verdad, algo que no se pudiese saltar justo en el momento en el que más ganas tenía.
Y eso, dentro del móvil, no existe. Porque quien puede quitar el bloqueo eres tú, a las once de la noche, en el sofá.
La solución tenía que estar fuera del móvil. Un objeto. Nueve meses de desarrollo con sus ahorros y salió a la venta en octubre de 2025.

Se llama Monk y es una pieza pequeña con un chip dentro. Lo dejas donde tú decidas: la entrada de casa, la cocina, el coche, el escritorio. Eliges en la app qué se bloquea, apps y webs. Acercas el móvil una vez y se bloquean al instante.
Para volver a abrirlas tienes que levantarte e ir hasta donde lo dejaste.
Ya no depende de las ganas que tengas a las once de la noche. Depende de si te levantas del sofá. Y casi nunca te levantas.
Sigue funcionando lo esencial: llamadas, cámara, mapas, música, WhatsApp si quieres. No te quedas sin teléfono. Te quedas sin lo que tú has decidido que te distrae.
«Que tengas que ir a buscarlo es lo que hace que funcione. Yo lo dejo en el coche y te aseguro que no bajo de casa adrede para ver reels. Me está cambiando la vida.»Juan, reseña verificada
Los expertos que avalan Monk
Psicólogos y autores que llevan años estudiando la adicción al móvil respaldan el mecanismo de Monk.

Llevo años investigando las adicciones comportamentales y veo siempre lo mismo: el problema no es la falta de voluntad. El móvil está diseñado para captar nuestra atención, y pedirle a alguien que simplemente se controle frente a ello no funciona.

No basta con ser conscientes del problema. Necesitamos mecanismos reales que devuelvan la decisión a las personas.

El patrón que más se repite en la gente que rinde no es la disciplina, es el entorno: quien rinde diseña su contexto para no depender de la voluntad.
Qué ha pasado desde entonces

Mauro usa hoy el móvil menos de tres horas al día. Empezó en siete.
El curso lo terminó. Y la idea que solo existía en unas notas del móvil es la empresa que dirige hoy, la que le ha llevado a la radio y a la tele a contar esto mismo.
Monk salió a la venta en octubre de 2025 y hoy lo usan miles de personas en España, la mayoría llegadas por el boca a boca de otra que ya lo tenía. Y el equipo está metido de lleno en la app: cada mes sale una versión nueva con lo que piden los que ya lo usan.
«Lo que no me esperaba era la gente escribiéndome para contarme lo que han conseguido desde que lo usan. Empecé haciéndolo para mí, para salir yo, y ahora resulta que estoy ayudando a otros a salir del mismo sitio.»Mauro Flecha
Lo que cuentan los que ya lo tienen
en 159 reseñas verificadas por Okendo

Seis horas y cuarenta minutos de pantalla al día. Me dio vergüenza. Ahora dejo el Monk en la cocina al llegar a casa y bloqueo. Mi hija me dijo el domingo que ahora juego más con ella.

Forest, Opal, el modo concentración del iPhone. Todas las apagué yo mismo a los tres días. Esto es lo primero que no puedo quitar desde el sofá: tengo que levantarme e ir hasta la entrada. Y no voy.

Aguantaba tres días y recaía. Cinco veces este año. Lo que ha cambiado es que saltarme el bloqueo cuesta cruzar la casa, y a las once de la noche no me levanto. Siete semanas. Mi récord eran diez días.

Tengo una empresa con doce personas y no aguantaba veinte minutos con un problema sin mirar el móvil. Bloqueo de nueve a dos y el Monk se queda en el coche. En tres semanas he sacado adelante cosas que llevaba seis meses posponiendo.

Cinco años viendo YouTube en la cama hasta las dos. Probé de todo y siempre volvía. Ahora a las once bloqueo y el Monk está en el salón. Para quitarlo tengo que cruzar el pasillo a oscuras, y no lo hago. Tres semanas durmiendo siete horas.

Nueve horas de pantalla. Borraba Instagram y a los dos días la tenía otra vez. Con el Monk las tardes de estudio son de verdad. Este junio he aprobado todo. El año pasado, dos de cinco.

Mi mujer y yo cenábamos cada uno con su móvil, sin hablar. Compramos dos y los dejamos en la entrada al volver del trabajo. Ahora cenamos, hablamos y nos vamos a la cama a la vez. Hacía años.

Daba el pecho a mi hijo mirando Instagram. Me bloqueaba las apps y me las quitaba yo misma a los dos días. Ahora el Monk se queda en el pasillo hasta la siesta. Cuando le doy de comer la miro a ella.

Ocho horas de silla y dos reales. El resto en el Telegram de la convocatoria. Ahora bloqueo Telegram e Instagram y me deja el temario. Este mes he hecho más horas reales que en los tres anteriores juntos.

Mi novia me lo decía cada día: estás pero no estás. Ahora el Monk se queda en la entrada y bloqueo al llegar. Ya no me lo dice. Y me di cuenta de cuánto me lo había dicho.
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Reseñas recogidas por Okendo después de cada compra, sin filtrar. Las fotos las suben los propios clientes con su reseña.
Y por qué esto y no una app
Frente a una app de bloqueo
El botón para saltártelo está en la misma pantalla que el bloqueo. Y si eso no basta, siempre puedes borrar la app entera, que es lo que acaba haciendo casi todo el mundo. Con Monk, el modo estricto no te deja borrarla mientras hay una sesión activa.
Frente a Tiempo de Uso
Es un aviso. Debajo hay un «ignorar» que no te pide nada a cambio.
Frente a dejarlo en otra habitación
Funciona hasta que te levantas. Y te levantas, porque no hay nada que te lo impida salvo tú. Con Monk también te puedes levantar, pero tienes que ir andando hasta un sitio concreto, y ese paseo es justo el que te quita las ganas.
Antes de decidir
«¿Y si me llaman? Tengo familia.»
Las llamadas y los mensajes siguen funcionando siempre. Monk bloquea lo que tú elijas y nada más.
«Lo necesito para trabajar.»
Entonces no lo bloquees. Puedes tener un modo para las horas de oficina y otro para las de casa.
«¿Y si me lo salto?»
Puedes, y alguna vez lo vas a hacer. Tienes tres desbloqueos de emergencia para el día que de verdad lo necesites. No te quedas sin Instagram: te quedas sin abrirlo sin darte cuenta, que es lo que te está comiendo las noches.
«Se me va a olvidar usarlo.»
A quien mejor le funciona es a quien lo pega en un sitio por el que pasa sí o sí: la entrada, la cafetera o la mesilla. Y si prefieres no depender de acordarte, programas la sesión a una hora fija y salta sola. Para quitarla sigue haciendo falta el Monk.
«¿Y si no me sirve?»
Treinta días para devolverlo. Dinero de vuelta, sin explicaciones.
Cuánto tiempo es
Según los datos de la empresa, quien usa Monk baja de media 2,3 horas al día de pantalla. Aunque tú solo recuperes una, son 365 horas al año. Quitando lo que duermes, veintidós días enteros de estar despierto. Monk cuesta 54,95 € una vez: 15 céntimos por cada una de esas horas.
Para quien tiene algo que conseguir y el móvil se lo está comiendo.
- Bloqueas tus apps con un toqueacercas el móvil al Monk y se cierran al instante
- Para desbloquear tienes que ir hasta ély a las once de la noche no te levantas
- Llamadas, mensajes, cámara y mapas siguen funcionandobloqueas lo que tú elijas y nada más
- Pago único, app incluidasin suscripción, sin pagos ocultos, actualizaciones de por vida
Elige tu pack
Qué incluye el precio
El dispositivo Monk y acceso completo e inmediato a la app, con todas sus funciones desde el primer día y actualizaciones de por vida. Sin suscripciones, sin pagos ocultos, sin límites. Además, soporte personal siempre que lo necesites y un packaging cuidado y listo para regalar.
La garantía
Treinta días desde que lo recibes. Si tu tiempo de uso no ha bajado, o simplemente no es para ti, nos escribes y te devolvemos el dinero sin discutir.
Compatibilidad
Funciona con iPhone (iOS 17 o superior) y con Android, con la app en la App Store y en Google Play. El dispositivo es el mismo para los dos.
Así cambió el tiempo de uso de un cliente real
Un mes con el Monk, con capturas
Le pedimos a Pablo que nos enviase capturas de antes y de después de usar el Monk durante un mes.

Llevaba meses intentando reducir mi tiempo de uso. Me costaba muchísimo hasta que encontré el Monk. La barrera física me ha ayudado a cambiar el hábito. Por fin, funciona de verdad.


Capturas reales que nos envió Pablo cuando hicimos un estudio del efecto del Monk en el tiempo de uso.
El primer mes con un Monk
Los primeros días cuestan, no es magia. Esto es lo que suele pasar.
- Día 1. Vas a ir a por él más veces de las que te gustaría. Es el hábito, no tú. La mano va sola al móvil y se encuentra la puerta cerrada.
- Día 3. Te acuerdas de que está lejos antes de levantarte. Ahí es donde empieza a funcionar: cuando el cálculo lo haces antes de moverte.
- Semana 1. Notas cómo el impulso de meterte en ciertas apps sin pensar va desapareciendo.
- Semana 3. Vuelves a aburrirte. Y está bien. Del aburrimiento salen cosas: un libro, un paseo, una llamada. Lo que el móvil tapaba.
- Mes 1. Se nota en el Tiempo de Uso, y fuera de él. Te concentras antes, terminas cosas, tienes ratos que antes no tenías. Y llevas un mes entero cumpliendo algo que te dijiste a ti mismo.
Tienes treinta días para probarlo. Si al llegar al día treinta tu tiempo de uso sigue igual, lo devuelves y te devuelven el dinero. En el último año solo el 2 % de los compradores pidió la devolución. En productos parecidos ronda el 15 %.
Mauro tuvo que montar una empresa para conseguir lo que se proponía, porque no existía nada que le quitara el móvil de en medio. Tú tienes treinta días para comprobar si te sirve. Y si no, no te cuesta nada.